En el mes del amor, hablemos de esto: menstruar nos alejó del amor propio
En el mes del amor, no podemos dejar de reflexionar sobre algo que a muchas nos atravesó —y a muchas todavía les pasa—: menstruar nos alejó por mucho tiempo del amor propio.
Del amor por nosotras, por nuestro cuerpo y por nuestra ciclicidad.
Y no fue solo porque vimos cómo nuestro cuerpo cambió sin pedir permiso.
Fue porque nuestro cuerpo y un terremoto de emociones llegaron junto con un mensaje muy fuerte: menstruar era lo peor que nos podía pasar.
Menstruar nos quitaba la niñez.
Menstruar nos ponía en riesgo (ahora podías quedar embarazada).
Menstruar iba a ser siempre molesto e incómodo.
Pero… ¿qué pasaba?
¿Por qué algo tan natural como la menstruación terminó sintiéndose tan ajeno?
¿O peor aún, como un castigo hacia las mujeres?
El silencio, el tabú y la falta de información sobre la menstruación
Más allá del silenciamiento y el tabú que históricamente se construyó alrededor de nuestro ciclo menstrual y ovulatorio, hubo algo todavía más profundo: la falta de información real.
No se nos explicó qué es menstruar.
Por qué pasa.
Qué lugar ocupa en el cuerpo.
Si importa o no cómo la transitamos.
El tabú tapó lo importante, y menstruar rápidamente se convirtió en algo sucio e indigno que debíamos ocultar.
Y cuando algo que te atraviesa todos los meses no se comprende, es fácil que se transforme en molestia, en rechazo y en desconexión con el cuerpo.
El eje del problema: cómo gestionábamos la menstruación no era amable
Para nosotras, ahí está el corazón de todo: la forma en la que gestionábamos la menstruación no era amable.
Ni con el cuerpo.
Ni con la emoción.
Ni con la vida cotidiana.
Partamos de la base de que los insumos de gestión menstrual fueron llamados durante años “insumos de higiene”. Y eso ya tiene su propia connotación negativa.
No, no necesitamos insumos de higiene menstrual.
Necesitamos insumos de gestión menstrual.
No necesitamos toallas perfumadas, porque la sangre menstrual no huele mal.
Necesitábamos productos hipoalergénicos, respirables, amables con nuestro cuerpo para poder transitar los días de sangrado cómodas.
Durante años, menstruar era vivir en estado de alerta:
pendiente de si manchás,
de si se nota,
de si podés moverte,
de si podés dormir tranquila,
de si ese plan es posible o no.
Con el tiempo, eso no solo incomoda.
Eso desgasta.
Y cuando mes a mes se repite una experiencia de tensión, el mensaje se instala solo:
“Menstruar es un problema.”
“Ser mujer es un problema.”
Y eso está muy lejos del amor propio.
Menstruar es vital (y necesitábamos decirlo)
Desde Kali también sentimos la necesidad de dejar algo muy claro: menstruar es vital.
Tan vital como respirar.
No es un detalle menor, no es un evento aislado, no es algo que pasa por afuera de la vida.
Es la etapa de un ciclo que cada mes, y durante más de 30 años, acompaña a las personas con útero.
Y sin embargo, durante muchísimo tiempo fue tratado como algo secundario.
Algo que no merecía cuidado, atención ni preguntas.
A nosotras nos urgía poder abrazar esa etapa.
Nombrarla.
Respetarla.
Cuidarla.
Porque si algo nos acompaña durante gran parte de la vida, no puede vivirse desde la incomodidad constante ni desde la desconexión con el cuerpo.
Hablar de bienestar menstrual es hablar de eso:
de devolverle al ciclo menstrual y ovulatorio el lugar que merece,
y de reconocer la fase menstrual como parte vital de nuestra salud.
Cuando la experiencia cambia, el vínculo cambia
La pregunta entonces es simple, pero profunda:
¿Qué pasa cuando menstruar deja de sentirse como una batalla?
¿Qué pasa cuando descubrimos que menstruar no es tan incómodo ni huele mal?
¿Qué pasa cuando elegimos una gestión menstrual más saludable y consciente?
Ahí empieza otro vínculo con el cuerpo.
Lo sabemos porque lo vemos todos los días.
Desde que creamos Kali, miles de mujeres nos escriben para compartir algo que se repite:
“Menstruar cómoda me cambió la vida.”
No es una frase de marketing.
Es una experiencia colectiva.
Porque cuando la experiencia cambia, cambia mucho más que un método.
Cambia la tranquilidad.
Cambia la libertad.
Cambia la forma de habitar el cuerpo.
Y muchas descubren algo clave:
No odiaban menstruar.
Odiaban cómo nos hicieron menstruar.
Con productos descartables que no estaban pensados para cuidarnos, ni diseñados desde el bienestar menstrual.
Amor propio en lo cotidiano
El amor propio no siempre se ve como una frase linda o un ritual especial.
Muchas veces se construye en decisiones simples, cotidianas, casi invisibles.
Amor propio es:
dejar de normalizar la incomodidad
elegir opciones que respeten el cuerpo
no vivir el ciclo como una interrupción
permitirte estar bien también esos días
Cuidarte no debería ser un esfuerzo extra.
Debería ser parte de la vida.
Amor en todas sus formas
Kali celebramos este amor que tanto nos abraza.
El amor también es el vínculo que construís con tu cuerpo cuando nadie te mira.
El amor es poder estar con vos, también cuando menstruás, sin exigirte, sin juzgarte, sin pelearte con lo que sos.
Si durante mucho tiempo menstruar nos alejó del amor propio, hoy tenemos la oportunidad de reconstruir ese vínculo.
Con información.
Con herramientas amables.
Con gestión menstrual consciente.
Con bombachas menstruales diseñadas para el bienestar.
Menstruar es vital.
Y elegir cómo transitarla también.
Hoy, y cada 14 de febrero, en Kali celebramos este amor que tanto nos merecíamos:
Menstruar con bienestar.
Si estás lista, sumate a la revolución.
🩸💘🫂
